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El buen fútbol le dio una patada a la polémica: Bélgica aplasta a Estados Unidos

El buen fútbol le dio una patada a la polémica: Bélgica golea a Estados Unidos y deja en evidencia el ruido extradeportivo de la FIFA y Donald Trump.

Por Julio Guzmán Acosta

WASHINGTON. Hay partidos que trascienden el resultado. No solo porque definen un clasificado o eliminan a un anfitrión, sino porque terminan imponiendo una verdad elemental: el fútbol se resuelve sobre el césped y no en los despachos del poder.

Bélgica derrotó con autoridad 4-1 a Estados Unidos en los octavos de final del Mundial 2026 y, de paso, convirtió en irrelevante la tormenta política y disciplinaria que envolvió el encuentro durante las últimas 48 horas. La selección europea respondió con fútbol a una controversia que había puesto a la FIFA bajo un intenso escrutinio después de que el organismo levantara la sanción que impedía jugar al delantero estadounidense Folarin Balogun, una decisión conocida poco después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, manifestara públicamente que había solicitado revisar la expulsión del futbolista.

La coincidencia entre ambos hechos provocó un debate internacional sobre la independencia de los órganos disciplinarios de la FIFA y la influencia que pueden ejercer los líderes políticos sobre las decisiones del máximo organismo del fútbol mundial.

Pero cuando el balón comenzó a rodar, el protagonismo regresó al lugar donde siempre debió estar.

Rudi García sorprendió dejando inicialmente en el banquillo a Romelu Lukaku, Jeremy Doku y Kevin De Bruyne. Una apuesta arriesgada que terminó siendo un acierto absoluto. Su equipo mostró desde el primer minuto la versión más sólida, intensa y agresiva de todo el campeonato.

La polémica pareció convertirse en combustible para unos Diablos Rojos que hasta entonces habían dejado más dudas que certezas.

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Charles De Ketelaere abrió el marcador apenas al minuto nueve, aprovechando un balón suelto dentro del área. Bélgica dominaba cada sector del campo, recuperaba rápido, presionaba arriba y jugaba con una confianza que no había mostrado en toda la Copa del Mundo.

El único contratiempo llegó con la lesión de Amadou Onana, que abandonó el terreno de juego tras un aparente problema de rodilla y terminó observando el resto del encuentro desde la banda apoyado en unas muletas.

Estados Unidos encontró un empate circunstancial gracias a un tiro libre de Malik Tillman que se desvió en la barrera y sorprendió a Thibaut Courtois. El empate, sin embargo, duró apenas dos minutos.

Leandro Trossard colocó un centro preciso y De Ketelaere volvió a aparecer imponiendo su estatura para devolver la ventaja a Bélgica antes del descanso.

El equipo dirigido por Mauricio Pochettino nunca encontró respuestas. Ni siquiera la presencia de Balogun, cuya habilitación dominó la conversación previa al encuentro, cambió el desarrollo del partido. Bien controlado durante los noventa minutos, el delantero estadounidense pasó prácticamente inadvertido y apenas generó una ocasión que resolvió Courtois sin mayores dificultades.

La sentencia llegó en el minuto 57 después de un error impropio del guardameta Matthew Freese, que perdió el balón fuera del área. De Ketelaere robó la posesión y Hans Vanaken aprovechó la portería vacía para marcar el tercero.

Con el encuentro completamente controlado, Rudi García dio entrada a Lukaku y Doku para administrar los espacios que comenzaba a dejar una selección estadounidense resignada. Kevin De Bruyne permaneció en el banquillo durante todo el partido, una muestra de la profundidad que exhibió Bélgica en su actuación más convincente del torneo.

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Todavía habría tiempo para una última concesión de la defensa estadounidense. Chris Richards regaló el balón en su propia área y Lukaku no perdonó, firmando el definitivo 4-1 en el tiempo añadido.

Más allá del marcador, la noche dejó una imagen difícil de ignorar.

Durante días, la atención internacional se desplazó desde el juego hacia las decisiones disciplinarias y las declaraciones políticas. La controversia alimentó interrogantes sobre la autonomía institucional de la FIFA y sobre la necesidad de preservar sus órganos disciplinarios de cualquier percepción de influencia externa. Sin embargo, el desenlace deportivo terminó recordando una verdad que ninguna decisión administrativa puede alterar: los partidos se ganan en el terreno de juego.

Con la eliminación de Estados Unidos también desaparece el último anfitrión norteamericano del torneo, después de las salidas de Canadá y México. Bélgica avanza a los cuartos de final reforzada futbolísticamente y con la sensación de haber respondido con autoridad en el escenario donde realmente se escriben las historias del Mundial.

Ahora la espera conduce hacia un duelo de máxima exigencia frente a España, en un choque que promete convertirse en uno de los grandes partidos del campeonato.

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