La ministra Faride Raful expone en el Miami Security Forum los avances en seguridad, economía y cooperación bilateral que consolidan al país como un aliado estratégico de Washington en la región, respaldados por cifras históricas en reducción de homicidios, combate al narcotráfico y solidez del intercambio comercial.
Por: Alejandro F. Guzmán
MIAMI. – En el escenario del Trump National Doral, donde la élite hemisférica en materia de defensa y seguridad converge para trazar las coordenadas del futuro inmediato, la República Dominicana no solo ocupó un asiento protagónico, sino que se erigió como el modelo emergente de estabilidad en un vecindario marcado por la turbulencia. La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, en representación del presidente Luis Abinader, desgranó ante la Heritage Foundation —en el foro inaugural Miami Security Forum— los pilares de una transformación silenciosa pero profunda que ha convertido a la nación caribeña en un activo estratégico de primer orden para Estados Unidos.
Bajo el título del panel, “Dominican Republic: A Strategic U.S. Partner in Security Affairs”, la funcionaria desplegó una radiografía que, por su contundencia, trascendió el mero informe para convertirse en una declaración de principios geopolíticos. El dato central, de una elocuencia quirúrgica: la tasa de homicidios en 2025 se situó en 8.15 por cada cien mil habitantes, la más baja jamás registrada en la historia nacional, lo que representa una reducción cercana al 15% con respecto al año precedente. Con esta cifra, el país se consolida como el segundo más seguro de Centroamérica y el Caribe, una posición que desafía las tendencias regionales y ofrece un respiro de certidumbre en un corredor tradicionalmente acosado por la violencia.
La arquitectura de este éxito, explicó Raful, no responde al azar ni a la retórica, sino a una metodología sustentada en la gestión rigurosa de datos a través del Centro de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana, la incorporación de 9,503 nuevos agentes a la Policía Nacional y una reforma institucional cuyo anteproyecto de ley orgánica aguarda ya su sanción en el Senado de la República. A ello se suma una ofensiva frontal contra el narcotráfico que ha quintuplicado las incautaciones desde 2019, alcanzando 48.3 toneladas en 2025 —una cifra que habla tanto de la eficacia operativa como de la confianza depositada por las agencias estadounidenses en sus homólogos dominicanos.
Pero el vínculo con Washington, como subrayó la ministra, trasciende la cooperación policial y militar. La solidez del intercambio comercial bilateral, que superó los US$18,900 millones, y el caudal de las remesas provenientes de la diáspora —más de US$11,800 millones— configuran un puente económico de una solidez inusual. En paralelo, el Índice de la propia Heritage Foundation otorgó a República Dominicana su puntuación más alta en la historia, superando los promedios mundial y regional, un reconocimiento que, en el mismo foro donde se anunciaba, adquirió el peso de un aval ideológico.
En los márgenes del evento, la agenda de Raful incluyó un encuentro con la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón, con quien abordó los ejes de la seguridad regional, el combate a la criminalidad transnacional y la modernización de los cuerpos de seguridad en el Caribe. La reunión, cargada de simbolismo, anticipa una alianza insular que podría convertirse en punta de lanza de una estrategia conjunta en la cuenca caribeña.
Finalmente, la ministra situó sobre la mesa el desafío que, como una sombra alargada, proyecta su gravedad sobre toda la región: la crisis haitiana. Lejos de tratarlo como un asunto de fronteras locales, Raful insistió en que se trata de un problema hemisférico que exige una respuesta colectiva de la comunidad internacional, en un llamado que resonó con fuerza entre los asistentes, conscientes de que la estabilidad dominicana es, en buena medida, una trinchera adelantada para la seguridad de Estados Unidos.
La presentación en el Miami Security Forum dejó, así, una certeza: la República Dominicana ha dejado de ser vista como un mero receptor de políticas exteriores para convertirse en un socio con voz propia, cifras que respaldan y un proyecto de nación que, en seguridad y economía, se escribe en mayúsculas.