Por Julio Guzmán Acosta
Friusa, La Altagracia – Domingo 30 de marzo.- Un ambiente cargado de tensión y un despliegue militar sin precedentes marcaron este domingo la polémica marcha convocada por la Antigua Orden Dominicana en el Hoyo de Friusa, una comunidad con alta población haitiana que se ha convertido en el centro de un debate migratorio y social en República Dominicana.
Un operativo militar sin margen para el error
Desde la madrugada, más de 3,500 efectivos entre policías y militares tomaron posiciones en las calles de Friusa, cerrando accesos y patrullando cada esquina. Tanquetas, vehículos blindados y agentes antidisturbios se apostaron en puntos clave, en lo que las autoridades llamaron una medida «preventiva». Pero el mensaje era claro: no habría espacio para desórdenes.
El director de la Policía Nacional, Ramón Antonio Guzmán Peralta, supervisó personalmente el operativo, mientras helicópteros sobrevolaban la zona. «Estamos aquí para garantizar la paz», declaró, aunque muchos residentes interpretaron la movilización como una advertencia.
La provocación detrás de la «marcha pacífica»
A pesar de que Ángelo Vázquez Hernández, líder de la organización convocante, insistió en que la manifestación era «pacífica» y buscaba «expresar inquietudes sociales», el simbolismo de la movilización no pasó desapercibido.
Decenas de manifestantes, vestidos completamente de negro y portando banderas dominicanas, avanzaron por una comunidad donde, según denuncian algunos residentes, grupos haitianos ejercen control territorial. «Esto no es solo una marcha, es un mensaje», dijo un participante que prefirió no identificarse.
Para muchos, la elección de Friusa como escenario no fue casual. La comunidad, conocida por su alta densidad de migrantes, ha sido foco de tensiones en los últimos años. «Aquí hay dominicanos que ya no se sienten dueños de su propio barrio», afirmó Roberto González, un residente que apoyaba la protesta.
Temor y resistencia en la comunidad
Mientras los manifestantes avanzaban, varios habitantes haitianos optaron por encerrarse en sus casas. «Nos dijeron que no saliéramos, que podía haber problemas», confesó Jean Pierre, un migrante que lleva mas de quince años viviendo en Friusa.
Organizaciones de derechos humanos habían alertado sobre el carácter provocador de la marcha, recordando episodios anteriores de violencia contra migrantes. «Estas movilizaciones en zonas sensibles solo exacerban los conflictos», denunció Laura Sánchez, de la ONG Solidaridad Fronteriza.
¿Discurso nacionalista o incitación al conflicto por odio racial?
Aunque la protesta transcurrió sin incidentes graves, los cánticos y consignas de los participantes dejaron claro el trasfondo del movimiento: «Friusa es dominicana”, «Que se cumpla la ley». Mensajes que, en un contexto de creciente antimigración, resonaron como un desafío.
Las autoridades insisten en que actuarán con firmeza ante cualquier acto violento, pero la pregunta queda flotando: ¿Fue esta marcha una expresión legítima o una estrategia de presión en un territorio en disputa?
Lo único seguro es que, tras este domingo, Friusa sigue siendo un polvorín (y nadie sabe cuándo podría estallar).