El portavoz militar Effie Defrin confirmó que los ataques se amplían a más «puntos clave» del régimen de los ayatolás, incluyendo dos de las principales plantas de producción de misiles balísticos, en una operación conjunta con EE.UU. que cumple una semana y que ya deja más de 1.300 civiles muertos en territorio iraní.
Por Brendalis Reyes
En una escalada que redefine los equilibrios de tensión en Medio Oriente, el Ejército de Israel anunció este sábado el comienzo de la siguiente fase de su ofensiva militar contra la República Islámica de Irán, ampliando el radio de acción hacia lo que denominó «sitios clave» del régimen de los ayatolás. La declaración, realizada por el portavoz militar Effie Defrin en su acostumbrado mensaje videograbado a la nación, confirma la intensificación de una guerra abierta que, en su primera semana, ha dejado una estela de destrucción y más de mil 300 víctimas civiles en ciudades iraníes.
Según el parte de guerra israelí, la Fuerza Aérea ha ejecutado aproximadamente «3.400 ataques en todo Irán» durante los últimos siete días, en una campaña que se desarrolla en conjunto con Estados Unidos. Defrin detalló que, para llevar a cabo esta ofensiva, se han empleado «unas 7.500 municiones» con el objetivo de desmantelar la capacidad militar estratégica del país persa. Entre los logros tácticos mencionados por el portavoz, se encuentra la inutilización de «más de 150 sistemas de defensa» iraníes, allanando el camino para la nueva etapa de la operación.
El portavoz identificó dos de los blancos de esta nueva fase: las instalaciones de producción de misiles balísticos en Parchin y Shahrud, consideradas vitales para la industria bélica iraní. No obstante, la ofensiva no se limita a estos puntos. El Ejército israelí afirmó haber alcanzado fábricas dedicadas a la elaboración de materiales explosivos para ojivas, plantas de ensamblaje de motores de proyectiles y, en un golpe de precisión a la capacidad tecnológica del adversario, «un complejo utilizado para la investigación, desarrollo, ensamblaje y producción de misiles de crucero avanzados».
La guerra, justificada por Israel como un esfuerzo binacional con Estados Unidos para «tumbar el régimen» en lo político y desarticular su poderío militar y nuclear, tuvo un punto de inflexión en su primera jornada con la confirmada muerte del líder supremo, Alí Jameneí. Este suceso actuó como un catalizador, incorporando al grupo chií Hizbulá al conflicto. En represalia, la milicia libanesa ha intensificado sus ataques contra el norte de Israel, abriendo así un segundo y peligroso frente.
Sobre las operaciones en el Líbano, Defrin fue categórico: «Estamos atacando por todo el Líbano con gran fuerza y avanzando sobre el terreno». La noche del viernes dejó una huella de sangre en la aldea de Nabi Chit, en el Valle de la Bekaa, donde una incursión de las fuerzas israelíes causó la muerte de al menos 41 personas, elevando la cifra de fallecidos en el país de los cedros a más de 200 desde el inicio de las hostilidades.
«Todas las opciones están sobre la mesa», advirtió Defrin, subrayando la determinación de Tel Aviv de «seguir atacando con fuerza» y de no renunciar al objetivo de «desarmar a Hizbulá». Mientras tanto, el balance humanitario no cesa de crecer. En Irán, se contabilizan al menos mil 332 civiles muertos, una cifra que contrasta con la decena de víctimas mortales registradas en Israel por los ataques de la República Islámica, en un conflicto que promete redefinir las fronteras de la guerra en el siglo XXI.