Francisco Javier García, se siente muy seguro del triunfo interno de su candidatura presidencial (foto de archivo UMBRAL.COM.DO)
Por Virtudes Álvarez Sampedro
Santo Domingo.– «El PLD está listo para volver al poder». Con esa contundencia, Francisco Javier García, uno de los pesos pesados del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), lanzó su apuesta por la candidatura presidencial de 2028, asegurando que no solo será el elegido de la tolda morada, sino también el próximo inquilino del Palacio Nacional.
En un mensaje cargado de simbolismo bíblico —»hay tiempos para sembrar y tiempos para cosechar»—, García se proyecta como el heredero natural de una organización que gobernó el país por 16 años de manera ininterrumpida (2004-2020) y que hoy, desde la oposición, busca reinventarse tras su dura derrota frente a Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Un hombre de campañas, pero no de victorias propias
García no es un improvisado. Su nombre está ligado a las grandes batallas electorales del PLD: fue jefe de campaña de Leonel Fernández (2004, 2008) y Danilo Medina (2012, 2016), arquitecto de victorias que consolidaron al partido como una maquinaria política casi imparable. Sin embargo, cuando ha intentado ser el protagonista y no el estratega, la historia ha sido distinta.
En 2019, compitió por la candidatura presidencial del PLD, pero el partido optó por Gonzalo Castillo, en una elección interna marcada por divisiones que, muchos analistas creen, pavimentaron el camino para la debacle electoral de 2020. Ahora, García vuelve a la carga, convencido de que su momento ha llegado.
Recorriendo el país, sembrando futuro
En su nota de prensa, el aspirante presidencial asegura que, en sus giras por el territorio nacional, ha encontrado un PLD «esperanzado» y con «un inmenso deseo de retomar el poder». Pero más allá del discurso, la pregunta es si la militancia morada está dispuesta a unificarse tras de él, en un partido que aún arrastra las heridas de sus luchas internas.
García, de voz pausada y estilo metódico, parece confiar en que el desgaste del gobierno de Abinader —que no podrá reelegirse en 2028— y el trabajo de reconstrucción del PLD le darán la ventaja. «Estamos sembrando en base a un arduo trabajo», repite, como si recordara que, en política, las cosechas no siempre llegan cuando uno las espera.
El desafío: convencer a un país que los dejó atrás
El mayor reto para García y el PLD no está solo en ganar las internas —donde podría enfrentarse a otros nombres fuertes, sino en reconquistar a un electorado que en 2020 los castigó sin contemplaciones. La corrupción, las pugnas internas y el desencanto social pesaron más que cualquier legado de obras públicas.
Ahora, con Abinader fuera de la contienda en 2028, el PLD apuesta a que el relevo generacional en el PRM no tendrá el mismo magnetismo, y que García —un hombre de la vieja guardia pero con experiencia de sobra— puede capitalizar el descontento.
¿Será 2028 el año del regreso morado?
La crónica está por escribirse, pero García ya adelanta el primer capítulo: «No dudo que seré el candidato y luego el sucesor de Abinader». La certeza es notable, aunque en política, como bien sabe él, hasta el versículo más citado puede tener interpretaciones inesperadas.