Por Julio Guzmán Acosta
Londres, 26 de marzo 2025.– En el majestuoso salón de los Comunes, Rachel Reeves, ministra de Economía del gobierno laborista, esbozaba con precisión quirúrgica lo que muchos analistas ya denominan «el gran engaño económico de la era Starmer». Mientras sus palabras hablaban de «seguridad nacional» y «responsabilidad fiscal», fuera del Parlamento, Sarah Whitaker, una mujer de 42 años con esclerosis múltiple, calculaba cuántas comidas tendría que saltarse cuando los recortes a su pensión por discapacidad entren en vigor.
La Declaración de Primavera presentada este miércoles podría pasar a la historia como el momento en que un gobierno laborista traicionó sus principios fundacionales. Bajo el argumento de una «Europa en peligro», el ejecutivo de Keir Starmer ha decidido transferir miles de millones de libras de los bolsillos de los más vulnerables a los contratistas de defensa.
Las cifras que duelen
En el frío lenguaje burocrático, 4,800 millones de libras en recortes a prestaciones sociales se convierten en:
– 1,200 libras menos al año para el 20% más pobre de la población (según The Equality Trust)
– 45,000 personas con discapacidad que perderán acceso total a beneficios
– 200 centros comunitarios que verán reducidos sus subsidios
Mientras tanto, el Ministerio de Defensa celebra:
– Un aumento presupuestario que permitirá adquirir 12 nuevos cazas F-35
– La creación de 5,000 empleos en la industria armamentística
– Un contrato récord con BAE Systems para modernizar la flota naval
El arte de vender austeridad
El gobierno ha perfeccionado una narrativa en tres actos:
1. El espectro de la guerra: «Europa enfrenta su mayor amenaza desde 1945», declaró Reeves, aunque omitió mencionar que el presupuesto militar ya superaba los 50,000 millones anuales antes del aumento.
2. La ilusión de crecimiento: Se jactan de un «superávit de 9,900 millones», pero callan que se logra en parte reclasificando a 320,000 personas con enfermedades crónicas como «aptas para trabajar».
3. La promesa vacía: «Todo temporal», aseguran, mientras firman contratos de defensa a 10 años y reformas sociales permanentes.
Historias tras las estadísticas
En un modesto apartamento de Liverpool, David Collins, veterano de Afganistán, mira con ironía amarga las noticias: «Mandé a jóvenes a morir por ‘proteger nuestro modo de vida’. Ahora ese mismo gobierno dice que no hay dinero para evitar que veteranos como yo duerman en la calle».
Mientras, en los astilleros de Glasgow, los trabajadores celebran los nuevos contratos, aunque muchos no saben que esos mismos fondos vienen de quitarle la calefacción a ancianos en Edimburgo.
La gran paradoja
Lo más cruel del plan es su retórica: el mismo gobierno que en campaña prometió «proteger a los más débiles» ahora argumenta que debe empobrecerlos para defenderlos. Han creado un perverso juego de suma cero donde:
– Cada libra en misiles es una libra menos en comedores sociales
– Cada nuevo tanque significa cientos de sillas de ruedas menos
– Cada discurso sobre «amenazas externas» oculta la vulnerabilidad creada en casa
¿Hasta cuándo?
Analistas consultados coinciden: el gobierno está aprovechando el pánico post-Ucrania para imponer una agenda que hubiera sido impensable hace dos años. El verdadero interrogante es cuánto tardará la ciudadanía en darse cuenta de que les están cambiando protección social por ilusión de seguridad.
Mientras tanto, Sarah Whitaker ya tiene su respuesta: «Dicen que aumentan el gasto militar para protegernos de amenazas externas. ¿Pero quién nos protegerá de nuestro propio gobierno?»