El presidente de Estados Unidos anunció este jueves la cancelación de una nueva ronda de ataques contra Irán, asegurando que ambas partes han aprobado un memorando de entendimiento. Sin embargo, Teherán niega que haya nada finalizado y acusa a Washington de cambiar constantemente sus posiciones. Los mercados reaccionaron con euforia al anuncio: el petróleo cayó por debajo de los 90 dólares y Wall Street disparó sus principales índices. No es la primera vez que Trump proclama un acuerdo inminente que luego se desvanece.
Por Julio Guzmán Acosta
Director de Umbral
En el tablero ensangrentado del golfo Pérsico, donde los misiles dibujan arcos de fuego y la diplomacia agoniza entre bombardeos, Donald Trump ha vuelto a mover ficha con la imprevisibilidad de un volatinero en la cuerda floja. Este jueves, el presidente estadounidense ofreció uno de sus más espectaculares bandazos: horas después de anunciar una tercera noche consecutiva de ataques contra Irán, canceló la ofensiva en un tuit triunfal. “Las negociaciones han sido aprobadas al más alto nivel del liderazgo iraní”, escribió en Truth Social, su altavoz digital. “Como presidente, he cancelado los bombardeos previstos”.
Pero en Teherán, la música suena con otro ritmo. La agencia estatal IRNA cita al portavoz del Ministerio de Exteriores para negar cualquier desenlace: “No hay nada finalizado”, afirmó, descalificando las declaraciones de Trump como “pura especulación”. La distancia entre la Casa Blanca y el Ministerio de Exteriores iraní es, por ahora, un abismo de versiones contradictorias. Trump asegura que el propio líder supremo, Mojtaba Jameneí, ha dado el visto bueno. “Tengo entendido que la respuesta es sí”, declaró desde el Despacho Oval, en un acto donde lució su habitual mezcla de arrogancia y urgencia.
No es la primera vez. Desde la tregua del 8 de abril, el republicano ha anticipado acuerdos que nunca llegaron. Los escollos se repiten: el programa nuclear, el levantamiento de sanciones, la descongelación de fondos. Lo que Trump llama “minucias” ha sido, una y otra vez, el ataúd de las negociaciones. Sin embargo, esta vez el mandatario añadió una lista de países que supuestamente avalan el memorando: Israel, Arabia Saudí, Turquía, Pakistán, Catar, EAU y otros. Una coalición de sonido que todavía no ha confirmado su participación.
Mientras las palabras vuelan, los mercados ya bailan al son del anuncio. El barril de petróleo cayó por debajo de los 90 dólares —su nivel más bajo desde el inicio de la guerra—, y Wall Street se disparó con el Nasdaq avanzando más del 2%. Detrás de la euforia financiera asoma la inflación estadounidense, que este mes trepó al 4,2%, la cifra más alta en tres años, impulsada por los precios de la energía. Trump, que ha visto cómo el conflicto se le complicaba más de lo previsto, no oculta su deseo de pasar la página. “Ellos están tan deseosos como el que más de llegar a un pacto”, dijo sobre los iraníes, en un espejo retórico que bien podría reflejarlo a él mismo.
El desenlace, esta vez, podría escribirse este fin de semana en algún punto de Europa, con el vicepresidente J. D. Vance como emisario estadounidense. O quizás no. Porque en el Medio Oriente de Trump, los bandazos son la única constante, y la paz un espejismo que se anuncia al anochecer y se desvanece con la primera luz del alba.