Por Julio Guzmán Acosta
En este Día del Periodismo Dominicano, mientras celebramos la noble labor de informar con responsabilidad, no podemos ignorar una peligrosa realidad: el intrusismo profesional que hoy amenaza los cimientos mismos del periodismo. Resulta inconcebible que en nuestro país cualquiera con un teléfono y redes sociales se autoproclame «periodista», mientras que otras profesiones como la medicina o el derecho exigen títulos habilitantes y conllevan severas sanciones por ejercicio ilegal.
La paradoja es evidente: si un ciudadano sin título intentara ejercer como médico o abogado, enfrentaría inmediatamente la acción de los colegios profesionales y las autoridades. ¿Por qué entonces permitimos que personas sin formación ni ética periodística usurpen funciones que impactan directamente en la opinión pública y la salud democrática?
El periodismo no es un juego
Las redes sociales han creado monstruos: influencers y opinadores que confunden libertad de expresión con libertad de irresponsabilidad. Mientras los verdaderos periodistas se someten a códigos deontológicos, verifican fuentes y asumen la carga de la prueba, estos nuevos «comunicadores» operan sin ningún tipo de atadura, convirtiendo el espacio informativo en un mercado de rumores y falsedades.
¿Se imaginan lo que ocurriría si un ciudadano cualquiera:
– Abriera un consultorio médico sin título?
– Presentara demandas judiciales sin ser abogado?
– Firmara contratos como ingeniero sin colegiarse?
Sería inmediatamente sancionado. Sin embargo, en el periodismo -profesión igualmente técnica y especializada– vemos pasar impune este fenómeno cada día.
El legado que defendemos
Frente a esta distorsión, debemos recordar a los gigantes que construyeron el periodismo dominicano con sangre y entrega:
– Orlando Martínez, asesinado por decir verdades incómodas
– Marcelino Vega, víctima de su compromiso con la información
– Maestros como Huchi Lora, Juan Bolívar Díaz y María Isabel Soldevila, que entendieron que informar es un servicio público
Ellos no buscaban «viralizarse» ni monetizar clicks. Buscaban la verdad, aunque fuera incómoda. Hoy, en cambio, tenemos a mercenarios de la desinformación que venden noticias falsas como si fueran mercancía en un bazar.
Urge regulación con sentido
No propongo censura, sino responsabilidad profesional:
1. Que el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) tenga mayores facultades para denunciar el intrusismo.
2. Que las plataformas digitales verifiquen credenciales para cuentas que se autodenominen «medios».
3. Que la sociedad aprenda a distinguir entre un comunicador profesional y un aficionado con seguidores.
El periodismo merece el mismo respeto que otras profesiones reguladas. No puede ser que mientras un médico responde por mala praxis, un «influencer» difame impunemente y lo llamemos «periodismo ciudadano».
Un llamado a la conciencia
A los colegas auténticos: sigamos defendiendo nuestro oficio con ética. A las nuevas generaciones: entiendan que el periodismo es más que un trending topic. Y a la sociedad: exijan periodistas de verdad, no charlatanes digitales.
Que en el próximo Día del Periodismo Dominicano podamos celebrar no sólo nuestra historia, sino también un futuro donde se respete nuestra profesión como lo que es: un pilar de la democracia, no un espectáculo.