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Tensión y gases lacrimógenos marcan marcha nacionalista en Friusa

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Un operativo policial corta abruptamente la protesta contra la migración haitiana mientras se agudizan las tensiones sociales.

Por Servicios Umbral.com.do
Bávaro, La Altagracia – Lo que comenzó como una marcha «pacífica» terminó convertida en un episodio de tensión social que dejó al descubierto las profundas fracturas en la comunidad de Friusa. La protesta convocada por la Antigua Orden Dominicana, que prometía ser una manifestación patriótica, degeneró en caos cuando cientos de manifestantes intentaron desviarse hacia zonas con alta concentración de migrantes haitianos, provocando una contundente respuesta policial.

Minuto a minuto del conflicto
Desde las 2:00 de la tarde, unos 200 manifestantes vestidos de negro y ondeando banderas dominicanas comenzaron a congregarse en la Avenida España, el único espacio autorizado para la protesta. La atmósfera, aunque tensa, se mantenía bajo control hasta que, alrededor de las 2:30 pm, un grupo de participantes intentó romper el cordón de seguridad para dirigirse hacia Mata Mosquito, sector conocido por su población mayoritariamente haitiana.

«Fue como ver una olla a presión a punto de explotar», describió un comerciante local que prefirió mantener el anonimato. A las 2:45 pm, agentes antidisturbios emitieron la primera advertencia a través de megáfonos. Cinco minutos después, cuando los manifestantes insistían en avanzar, el aire se llenó del característico humo blanco de las bombas lacrimógenas.

Las dos caras del conflicto
El coronel Diego Pesqueira, portavoz de la Policía Nacional, defendió el procedimiento: «Cumplimos estrictamente con el protocolo escalonado. Primero diálogo, luego advertencias y finalmente medidas de dispersión no letales cuando se intentó violar el perímetro acordado».

Sin embargo, entre los manifestantes la percepción fue distinta. «Vinimos a ejercer nuestro derecho a protestar y nos tratan como criminales», denunció Ángel Mota, uno de los participantes, mientras se limpiaba los ojos irritados por los gases. Su declaración resume el sentir de muchos en el grupo ultranacionalista, que acusan al gobierno de proteger más a los migrantes que a los ciudadanos dominicanos.

Del otro lado de la tensión social, Marie Baptiste, una mujer haitiana que vive hace ocho años en Friusa, relató desde su humilde vivienda: «Mis hijos lloraban escondidos bajo la cama. Pensamos que esta vez sí entrarían a hacernos daño». Su testimonio refleja el miedo constante que vive la comunidad migrante en esta zona.

Una comunidad dividida
Friusa se ha convertido en el símbolo de las complejas tensiones migratorias en República Dominicana. Según datos recopilados por Umbral.com.do, el 40% de la fuerza laboral local es de origen extranjero y el 42% de las viviendas albergan familias binacionales. Estas cifras, en lugar de hablar de integración, han alimentado un caldo de cultivo para el resentimiento social.

En los últimos 18 meses se han registrado al menos 14 incidentes con matices xenófobos en la zona, incluyendo pintas amenazantes en viviendas y negocios propiedad de haitianos. La ONG Reconoci.do documentó que durante la protesta del domingo al menos tres viviendas de familias haitianas sufrieron daños por lanzamiento de piedras.

Reacciones institucionales
La rápida escalada del conflicto ha generado olas de reacciones. La Procuraduría General de la República anunció la apertura de una investigación para determinar si hubo uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes. Mientras tanto, la Cancillería haitiana emitió un comunicado expresando «profunda preocupación» por los eventos y exigiendo protección para sus

¿Qué sigue para Friusa?
Mientras las autoridades buscan soluciones institucionales, en el terreno las heridas sociales parecen profundizarse. La Iglesia Católica anunció que mediará una mesa de diálogo comunal, pero muchos residentes se muestran escépticos.

«Esto no termina aquí», advirtió un líder comunitario que pidió reserva de su identidad. «Cada intervención policial, cada protesta, cada ataque, va acumulando resentimiento en ambos lados».

Lo ocurrido este domingo en Friusa no fue un incidente aislado, sino el último capítulo de una historia de tensiones no resueltas entre dos comunidades que comparten el mismo espacio geográfico pero viven realidades sociales profundamente divididas.

 

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